Si el virus continúa infectando con tanta solvencia, este será un gran año para los que
sentimos debilidad por los grupos técnicos, rompedores que quieren huir de los esquemas
preestablecidos. Y Adagio son unos de los ejemplos más claros de inconformismo. Después de
rompes con su sonido en “Dominate” y recibir el clamor del público y la crítica, han decidido
limpiarse de impurezas y mejorar al grupo para llegar a donde toda agrupación de virtuosos
de los instrumentos quiere llegar: la indefinición musical.
Si el primer problema es que Gus no puede cantar en Japón porque la embajada de su país no le permite la
entrada y encima los registro de este son inferiores a los de Palin (Christian, no Sara), se le da puerta. Si
realmente con los instrumentos son capaces de recrear cualquier concepto musical dentro del metal, ¿porque solo
dar un paso adelante?, sugerencia captada se va más allá ahora que el engranaje es perfecto.
Incumpliendo con todo lo que cualquier “genio” definidor espera de ti, Adagio han llegado a la madurez
artística con su disco más oscuro, una recopilación extraordinaria de virtudes plasmadas por cinco expertos
en deleite ajeno. ¿Como definirlos? Unos dirán que progresivo, otros neoclásico, otros, que quizás se acercarán
más avantgarde.
Para mi son Adagio y me la trae floja, lo uno que deseo es que cada exhibición suya sea tan fuera de lo
común como esta.
Devi
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